Arráncame la piel como si de malas hierbas se tratara, mátame, fusílame, mutílame, córtame entera y no dejes ni una sola parte de mi cuerpo sin herir, llévate TODO lo que hay dentro de mí, pero por favor te pido alma viajera inexistente, que dejes de vagar por mi mente, querida alma viajera inexistente, devuélveme mi corazón, porque ya no sé que es amar, porque aún te sigo amando, y este "amor" DUELE, duele más que todo lo que te pedí que me hicieras, querida alma viajera, desaparece de mi mente y de mi vida...
Te llevaste mi vida entera al irte....
jueves, 21 de febrero de 2013
domingo, 10 de febrero de 2013
Princesa.
["Hacía mucho que no estábamos juntas. ¿Recuerdas?" Dije en mi cabeza.]
Estaba en frente del espejo, totalmente desnuda, con la cabeza hacia abajo. Crucé mis brazos para así sentirme algo acompañada, como si me estuviera abrazando a mi misma. Sentía miedo. Poco a poco, iba levantando la cabeza, empecé a mover los dedos de los pies mientras miraba mi cuerpo en el espejo y sentía el frío del suelo.
Me quedé mirando mi reflejo. Podía ver en mis ojos que estaban llenos de miedo, estaban llenos de dolor.
Empecé a acariciar mi estómago mientras iba mirándolo en el espejo y en mi piel. Después, me puse a pellizcar y agarrar todo lo que sobraba en mi estómago. Estaba llorando. Aterrorizada y con mucho odio y dolor dentro.
Me puse a analizar mi cuerpo agarrando y pellizcando otra vez, sólo que dejé mi estómago y empecé a hacerlo con mis piernas, mis brazos y mi cara.
Me acerqué al espejo, puse mi mano en él, y mi reflejo actuó a la vez. Sentí que el espejo estaba algo frío. Me miré a los ojos, y esta vez, no tenían miedo ni dolor, mas, estaban llenos de odio y rabia.
"¿Cómo van a quererte? ¿Cómo se va a fijar nadie en ti? Estás obesa, eres una inútil, eres fea. ¿Siendo así, crees que la gente cambiará? No. Tú has de cambiar. La culpa de que estés tan sola la tienes tú, la culpa de que todos te odien y te insulten la tienes tú." Pensé mientras miraba mi cuerpo en el espejo.
Me arrodillé en el suelo, llorando, completamente desconsolada. Hacía mucho que yacía muerta en vida.
"¿Recuerdas lo feliz que eras antes? ¿Cuando te sentías tan vacía? Y sabes a qué me refiero."
Recordé aquél entonces, cuando cada día era para mi un juego. Cuando, el perder, era ganar. Perder peso era mi meta.
Me sentía completamente vacía, me sentía muerta, sola; sentía que, si marchaba, nadie notaría mi ausencia.
Miré mis muñecas, miré las marcas de guerra contra mi misma. Esas cicatrices me demostraban lo fuerte que había sido, me enorgullecían. Pero ahora, era algo que no funcionaba... Ya no me sentía orgullosa de ello, sentía la necesidad de volver a hacerlo.
Sentía demasiada rabia, demasiada ira, demasiado odio contra mi misma. Me agarré a la taza del inodoro, y con algo de miedo introduje dos de mis dedos en mi garganta.
Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Me hizo sentir bien, más vacía, pero más llena de felicidad. Pero... todavía sentía un gran frío en mi interior, un enorme vacío, todavía me sentía muerta, gorda, sola...
Me puse en pie y limpié para que nadie se diera cuenta de nada, tiré el papel al baño y tiré de la cadena. Sonreí satisfecha, limpié mis lágrimas con los brazos y miré de nuevo al espejo. Sintiéndome más débil, pero de algún modo, también más fuerte.
"Bienvenida de nuevo a mi, vieja amiga..."
Estaba en frente del espejo, totalmente desnuda, con la cabeza hacia abajo. Crucé mis brazos para así sentirme algo acompañada, como si me estuviera abrazando a mi misma. Sentía miedo. Poco a poco, iba levantando la cabeza, empecé a mover los dedos de los pies mientras miraba mi cuerpo en el espejo y sentía el frío del suelo.
Me quedé mirando mi reflejo. Podía ver en mis ojos que estaban llenos de miedo, estaban llenos de dolor.
Empecé a acariciar mi estómago mientras iba mirándolo en el espejo y en mi piel. Después, me puse a pellizcar y agarrar todo lo que sobraba en mi estómago. Estaba llorando. Aterrorizada y con mucho odio y dolor dentro.
Me puse a analizar mi cuerpo agarrando y pellizcando otra vez, sólo que dejé mi estómago y empecé a hacerlo con mis piernas, mis brazos y mi cara.
Me acerqué al espejo, puse mi mano en él, y mi reflejo actuó a la vez. Sentí que el espejo estaba algo frío. Me miré a los ojos, y esta vez, no tenían miedo ni dolor, mas, estaban llenos de odio y rabia.
"¿Cómo van a quererte? ¿Cómo se va a fijar nadie en ti? Estás obesa, eres una inútil, eres fea. ¿Siendo así, crees que la gente cambiará? No. Tú has de cambiar. La culpa de que estés tan sola la tienes tú, la culpa de que todos te odien y te insulten la tienes tú." Pensé mientras miraba mi cuerpo en el espejo.
Me arrodillé en el suelo, llorando, completamente desconsolada. Hacía mucho que yacía muerta en vida.
"¿Recuerdas lo feliz que eras antes? ¿Cuando te sentías tan vacía? Y sabes a qué me refiero."
Recordé aquél entonces, cuando cada día era para mi un juego. Cuando, el perder, era ganar. Perder peso era mi meta.
Me sentía completamente vacía, me sentía muerta, sola; sentía que, si marchaba, nadie notaría mi ausencia.
Miré mis muñecas, miré las marcas de guerra contra mi misma. Esas cicatrices me demostraban lo fuerte que había sido, me enorgullecían. Pero ahora, era algo que no funcionaba... Ya no me sentía orgullosa de ello, sentía la necesidad de volver a hacerlo.
Sentía demasiada rabia, demasiada ira, demasiado odio contra mi misma. Me agarré a la taza del inodoro, y con algo de miedo introduje dos de mis dedos en mi garganta.
Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Me hizo sentir bien, más vacía, pero más llena de felicidad. Pero... todavía sentía un gran frío en mi interior, un enorme vacío, todavía me sentía muerta, gorda, sola...
Me puse en pie y limpié para que nadie se diera cuenta de nada, tiré el papel al baño y tiré de la cadena. Sonreí satisfecha, limpié mis lágrimas con los brazos y miré de nuevo al espejo. Sintiéndome más débil, pero de algún modo, también más fuerte.
"Bienvenida de nuevo a mi, vieja amiga..."
martes, 5 de febrero de 2013
Eres la razón de mi vida.
Estaba sentada encima de sus piernas. Él tenía sus manos en mis caderas.
Ambos estábamos mirándonos los ojos. Acercó su cara a la mía, y sentí un cosquilleo por todo el cuerpo.
-Te has puesto roja- dijo riendo.
Le sonreí nerviosa y algo avergonzada.
Él me devolvió la sonrisa, pero no era una sonrisa ni nerviosa, ni de vergüenza. Era una sonrisa de satisfacción.
Puso una de sus manos en mi mejilla, mientras que estiró la otra, y me agarró por la espalda. Me acercó a él, y me besó. Sentí un cosquilleo por todo el cuerpo bastante agradable. Él hizo que me acostumbrara a eso que muchos llaman "mariposas en el estómago". Sonreí, aún todavía muy cerca de sus labios.
-¿Qué te pasa?-me dijo sonriendo mirándome a los ojos con mucha ternura.
-Estas estúpidas mariposas...-dije entre risillas. Mordí su labio.
-Cómo te amo, idiota.
Puse mi nariz en su nariz, le miré a los ojos.
-No tanto como yo a ti, precioso.
Cerré los ojos, mientras iba jugando con mi nariz y la suya, y con mis dedos, iba dándole suaves golpecitos en la espalda.
-Vaya dos idiotas estamos hechos, ¿eh?-me dijo después de besarme.
-Dicen, que a esto se le llama amor, que a esto se le dice "estar enamorado".
Le miré sonriendo. Me quedé mirando sus ojos, mientras ponía mis manos en su cabeza, y empezaba a acariciar su cabello.
-Me encanta...-susurró.
-Me encantas.-le contesté.
Fui a sus labios, y le besé. Volví a sentir ese cosquilleo, sonreí y volví a besarle. Podría perderme en su cuerpo, podría pasar mi vida con él, podrían quitármelo todo, menos a él, y yo seguiría tan feliz.
-No te vayas nunca de mi lado... porque si te vas tú, todo en mi vida perdería la razón.
-Nunca me iré, boba. Pues... tú eres el razón de la mía.
-¿Sabes qué pienso? Que la vida te ha puesto en mi camino porque así lo quiere el destino. Quiere recompensarnos a ambos, quiere que permanezcamos juntos para siempre, que nunca nos separemos.
-Te amo.
-No tanto como yo a ti.
Ambos estábamos mirándonos los ojos. Acercó su cara a la mía, y sentí un cosquilleo por todo el cuerpo.
-Te has puesto roja- dijo riendo.
Le sonreí nerviosa y algo avergonzada.
Él me devolvió la sonrisa, pero no era una sonrisa ni nerviosa, ni de vergüenza. Era una sonrisa de satisfacción.
Puso una de sus manos en mi mejilla, mientras que estiró la otra, y me agarró por la espalda. Me acercó a él, y me besó. Sentí un cosquilleo por todo el cuerpo bastante agradable. Él hizo que me acostumbrara a eso que muchos llaman "mariposas en el estómago". Sonreí, aún todavía muy cerca de sus labios.
-¿Qué te pasa?-me dijo sonriendo mirándome a los ojos con mucha ternura.
-Estas estúpidas mariposas...-dije entre risillas. Mordí su labio.
-Cómo te amo, idiota.
Puse mi nariz en su nariz, le miré a los ojos.
-No tanto como yo a ti, precioso.
Cerré los ojos, mientras iba jugando con mi nariz y la suya, y con mis dedos, iba dándole suaves golpecitos en la espalda.
-Vaya dos idiotas estamos hechos, ¿eh?-me dijo después de besarme.
-Dicen, que a esto se le llama amor, que a esto se le dice "estar enamorado".
Le miré sonriendo. Me quedé mirando sus ojos, mientras ponía mis manos en su cabeza, y empezaba a acariciar su cabello.
-Me encanta...-susurró.
-Me encantas.-le contesté.
Fui a sus labios, y le besé. Volví a sentir ese cosquilleo, sonreí y volví a besarle. Podría perderme en su cuerpo, podría pasar mi vida con él, podrían quitármelo todo, menos a él, y yo seguiría tan feliz.
-No te vayas nunca de mi lado... porque si te vas tú, todo en mi vida perdería la razón.
-Nunca me iré, boba. Pues... tú eres el razón de la mía.
-¿Sabes qué pienso? Que la vida te ha puesto en mi camino porque así lo quiere el destino. Quiere recompensarnos a ambos, quiere que permanezcamos juntos para siempre, que nunca nos separemos.
-Te amo.
-No tanto como yo a ti.
lunes, 4 de febrero de 2013
Ni tú, ni yo.
Ella estaba mirando mis ojos fijamente.
Podía ver cómo, los suyos, se mostraban llenos de sentimientos,
podía ver cómo, la oscuridad de estos se tornaban algo, en vez de misteriosos, dañinos.
Su mirada me hacía daño.
Su pálida piel, hacía que su cabello y sus oscuros ojos, fueran muchísimo más bellos de lo que ya eran. Ella era hermosa, era tan hermosa que su belleza era dolorosa. Hacía que mi corazón se encogiera.
Puso una de sus manos, en una de las mías. Bajó la mirada. Ella también sentía dolor, podía notarlo.
El silencio invadía la sala, me sentía vacío... Ella era la razón por la cual me sentía vivo, pero ahora...
Ella pasó sus manos por sus ojos. La miré, estaba llorando. La fuerte de los dos, había quebrado.
No quería perderla, no podía hacerlo... pero no podía hacer nada para evitarlo. Ella iba a salir de mi vida... Eso me rompía y a la vez me llenaba de impotencia, raba y odio.
La abracé, y me puse también a llorar.
- Lo siento...-le susurré- De verdad que lo siento- mientras la acercaba más a mi.
-No lo sientas... Tú no tienes la culpa- dijo pegándose a mi- Ni tú, ni yo.
"Ni tú, ni yo"...
-¿"Ni tú ni yo"? ¿Y qué pasa con "Nosotros"?
-No quiero marcharme... no quiero que te vayas...
domingo, 3 de febrero de 2013
Amor.
Él ha sido la persona que más he amado, ha sido la persona que me enseñó a amar, a amarme a mi misma, a sonreír y olvidarme de todos mis problemas. Él me enseñó lo que era estar enamorada. Él me dio razones para sonreír cuando yo no las encontraba, él estaba en mi vida, y soñaba con que fuera para siempre el protagonista de ésta. Él me hizo más feliz, de lo que nunca había sido. Él es y era mi vida, aunque ahora nada sea como antes.
Intento ser feliz recordando los buenos momentos, intento soñar y hacer que todo vuelve a ser como antes. Pero luego vuelvo a la realidad, y me siento la persona más estúpida del mundo entero.
En el momento fue lo que necesitaba, pero cada vez que miro atrás me arrepiento... Él tenía razón.
Y espero que sea feliz, porque lo amo, porque nunca me habían hecho sentir tanta felicidad en la vida, porque lo merece... Y sí, me encantaría ser yo quien le hiciera feliz, porque, yo sé que podría conseguirlo, yo sé como yo puedo amarle, pero no sé como lo harán otras personas... Y me matará de dolor ver y entender que él siguió con su vida, que él encontró a otra persona, pero tal vez así han de ser las cosas... Me matará de dolor verle con otra, pero me mataría más verle sufrir por otra. Me mataría verle mal, me mataría verle sufriendo. Y me encantaría estar a su lado, amándole cada minuto, cada segundo, y cada momento de su vida, ayudándole, haciéndole feliz... y que con cada cagada, hacer que mi orgullo muera e ir a él y pedirle perdón, decirle lo mucho que lo amo. Me encantaría poder verle cada día de mi vida, hacerle sonreír, hacer cualquier estupidez por verle sonreír, y vivir con y por él.
Mi mayor deseo es que nunca le hagan daño, porque todo lo que él es, todo lo que él ha hecho... por eso quiero ser yo, la que permanezca en su vida para siempre, la que cuide de él,... Ahora me arrepiento. ¿Es demasiado tarde, verdad?
Sé que siempre le amaré, será verdad eso que dicen "El primer amor no se olvida". Siento que en un futuro mis sentimientos no cambiaran, que yo siempre estaré para cualquier cosa para él... tal vez él siempre será mi primera opción, mi prioridad...
Que sea feliz, que haga todo lo que siempre ha querido que hacer, que visite todos los lugares que siempre quiso visitar, que no me olvide, que no olvide que yo siempre estaré aquí para él... Que yo siempre le amaré.
Intento ser feliz recordando los buenos momentos, intento soñar y hacer que todo vuelve a ser como antes. Pero luego vuelvo a la realidad, y me siento la persona más estúpida del mundo entero.
En el momento fue lo que necesitaba, pero cada vez que miro atrás me arrepiento... Él tenía razón.
Y espero que sea feliz, porque lo amo, porque nunca me habían hecho sentir tanta felicidad en la vida, porque lo merece... Y sí, me encantaría ser yo quien le hiciera feliz, porque, yo sé que podría conseguirlo, yo sé como yo puedo amarle, pero no sé como lo harán otras personas... Y me matará de dolor ver y entender que él siguió con su vida, que él encontró a otra persona, pero tal vez así han de ser las cosas... Me matará de dolor verle con otra, pero me mataría más verle sufrir por otra. Me mataría verle mal, me mataría verle sufriendo. Y me encantaría estar a su lado, amándole cada minuto, cada segundo, y cada momento de su vida, ayudándole, haciéndole feliz... y que con cada cagada, hacer que mi orgullo muera e ir a él y pedirle perdón, decirle lo mucho que lo amo. Me encantaría poder verle cada día de mi vida, hacerle sonreír, hacer cualquier estupidez por verle sonreír, y vivir con y por él.
Mi mayor deseo es que nunca le hagan daño, porque todo lo que él es, todo lo que él ha hecho... por eso quiero ser yo, la que permanezca en su vida para siempre, la que cuide de él,... Ahora me arrepiento. ¿Es demasiado tarde, verdad?
Sé que siempre le amaré, será verdad eso que dicen "El primer amor no se olvida". Siento que en un futuro mis sentimientos no cambiaran, que yo siempre estaré para cualquier cosa para él... tal vez él siempre será mi primera opción, mi prioridad...
Que sea feliz, que haga todo lo que siempre ha querido que hacer, que visite todos los lugares que siempre quiso visitar, que no me olvide, que no olvide que yo siempre estaré aquí para él... Que yo siempre le amaré.
viernes, 25 de enero de 2013
Necesito aclarar mi mente, y que me lea mi gente.
Antes de nada, me gustaría decir que este escrito (o como queráis llamarlo) no es en absoluto para hacerme la víctima, para dar pena, hacer daño, etc.
Ya lo dice el título: necesitaba expresar mis sentimientos que llevaba algo de tiempo guardando, necesitaba escribirlo, y que la gente que me lee, la gente que le gusta lo que yo hago, disfrute leyéndome.
Espero que os guste aunque no sea muy largo.
------------------------------------------------------------------------
¿Debería seguir sin ti?
Tengo muchas dudas en mi cabeza, tengo miedo,
¿debo seguir esperándote, guardando lo que te prometí, o seguir adelante y perder al que fue mi gran amor?
Tal vez tú no quieras lo que yo, pero volví a caer en esa estúpida ilusión, y de nuevo, esta duda me está asfixiando.
¿Seguir adelante, conocer a otras personas, enamorarme de nuevo, perderte para siempre? Perder aquél futuro, aquellos planes,...
Sigo atascada, sigo siendo tuya, pero, debo seguir adelante; contigo como amigo o contigo como amor.
Sólo sé que te necesito, que aunque sea duro, que por lo menos te quedes conmigo, siendo mi amigo, ambos siguiendo adelante. Que aunque otras personas entren en nuestra vida, nosotros siempre estemos juntos.
~"Pase lo que pase, estaremos juntos o no, siempre estaremos ahí el uno para el otro." Blaine Anderson.
Ya lo dice el título: necesitaba expresar mis sentimientos que llevaba algo de tiempo guardando, necesitaba escribirlo, y que la gente que me lee, la gente que le gusta lo que yo hago, disfrute leyéndome.
Espero que os guste aunque no sea muy largo.
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¿Debería seguir sin ti?
Tengo muchas dudas en mi cabeza, tengo miedo,
¿debo seguir esperándote, guardando lo que te prometí, o seguir adelante y perder al que fue mi gran amor?
Tal vez tú no quieras lo que yo, pero volví a caer en esa estúpida ilusión, y de nuevo, esta duda me está asfixiando.
¿Seguir adelante, conocer a otras personas, enamorarme de nuevo, perderte para siempre? Perder aquél futuro, aquellos planes,...
Sigo atascada, sigo siendo tuya, pero, debo seguir adelante; contigo como amigo o contigo como amor.
Sólo sé que te necesito, que aunque sea duro, que por lo menos te quedes conmigo, siendo mi amigo, ambos siguiendo adelante. Que aunque otras personas entren en nuestra vida, nosotros siempre estemos juntos.
~"Pase lo que pase, estaremos juntos o no, siempre estaremos ahí el uno para el otro." Blaine Anderson.
sábado, 19 de enero de 2013
Yo te prometí no marcharme nunca de tu lado.
Yo estaba sentada en mi parte de la cama, mirándole dormir. Acaricié su rostro y lentamente me acerqué a él para besarle. Me tumbé lentamente y nos arropé bien con la manta.
Seguí acariciando su cara mientras le miraba y me iba quedando dormida.
Éramos dos jóvenes y alocados enamorados.
Abrí los ojos y me desperté.
La verdad es que todo estaba igual, pero de algún modo no parecía lo mismo.
Notaba su respiración en mi nuca. Estaba muy cerca mío, con uno de sus brazos por mis caderas.
Me giré.
Su rostro había cambiado, estaba arrugado y había envejecido muchísimo. Además, mis manos estaban también bastante arrugadas.
Comprendí que aquello había sido un sueño.
Sonreí al recordar cómo éramos entonces, como habían cambiado y pasado las cosas, y que todavía estuviéramos juntos, tal y como desde siempre deseamos.
Besé su mejilla mientras acariciaba su espalda. Luego, besé sus labios.
Me quedé mirándole y acariciándole durante bastante rato. Hasta que se despertó.
Bostezó y me miró, sonrió y me besó.
-¿Qué pasa?-dijo sonriendo mientras me miraba y acariciaba mi pelo.
-Que... te amo.-dije nerviosa, como si fuera la primera vez que se lo dijera.
Soltó una carcajada.
-Y yo a ti, pero... ¿Esto a qué viene?
-¿No te acuerdas?- me fijé en que, al decir aquello se quedó algo extrañado- Sí... de todo. De cómo, cuando, y por qué empezó todo. De todo lo que pasamos, de todo lo que vivimos, de todos los planes y deseos, de todo lo que hemos cumplido...
-Los años pasan, y mientras que hay gente que marcha, otra permanece.-me dijo sonriendo e ilusionado- Y yo te prometí no marcharme nunca de tu lado.
-Y yo te prometí no dejar de amarte nunca.
-Ambos cumplimos esa promesa. Y cuando todo acab...
-Nunca nada acabará, porque nuestro amor siempre permanecerá. -le interrumpí.
-Sabes a qué me refiero.
Le besé para que dejara de hablar.
Seguí acariciando su cara mientras le miraba y me iba quedando dormida.
Éramos dos jóvenes y alocados enamorados.
Abrí los ojos y me desperté.
La verdad es que todo estaba igual, pero de algún modo no parecía lo mismo.
Notaba su respiración en mi nuca. Estaba muy cerca mío, con uno de sus brazos por mis caderas.
Me giré.
Su rostro había cambiado, estaba arrugado y había envejecido muchísimo. Además, mis manos estaban también bastante arrugadas.
Comprendí que aquello había sido un sueño.
Sonreí al recordar cómo éramos entonces, como habían cambiado y pasado las cosas, y que todavía estuviéramos juntos, tal y como desde siempre deseamos.
Besé su mejilla mientras acariciaba su espalda. Luego, besé sus labios.
Me quedé mirándole y acariciándole durante bastante rato. Hasta que se despertó.
Bostezó y me miró, sonrió y me besó.
-¿Qué pasa?-dijo sonriendo mientras me miraba y acariciaba mi pelo.
-Que... te amo.-dije nerviosa, como si fuera la primera vez que se lo dijera.
Soltó una carcajada.
-Y yo a ti, pero... ¿Esto a qué viene?
-¿No te acuerdas?- me fijé en que, al decir aquello se quedó algo extrañado- Sí... de todo. De cómo, cuando, y por qué empezó todo. De todo lo que pasamos, de todo lo que vivimos, de todos los planes y deseos, de todo lo que hemos cumplido...
-Los años pasan, y mientras que hay gente que marcha, otra permanece.-me dijo sonriendo e ilusionado- Y yo te prometí no marcharme nunca de tu lado.
-Y yo te prometí no dejar de amarte nunca.
-Ambos cumplimos esa promesa. Y cuando todo acab...
-Nunca nada acabará, porque nuestro amor siempre permanecerá. -le interrumpí.
-Sabes a qué me refiero.
Le besé para que dejara de hablar.
viernes, 18 de enero de 2013
Sentí unas manos en mis caderas, supuse que eran las suyas.
Yo estaba de espaldas. Una de sus manos bajó y agarró mi trasero. Con la otra, me azotó (aunque sin hacerme daño), y acabó con ambas manos agarrándome el culo.
Entonces, fue subiendo sus manos lentamente, rozando mi cuerpo hasta llegar a mis pechos. Yo seguía sin girarme, y él besó mi cuello mientras que yo ponía mis manos en las suyas.
Quité sus manos de mis pechos y me giré. Empecé a besarle y él empezó a acariciar mi clítoris por encima de la ropa. Estábamos besándonos y bastante excitados. Nos besábamos lentamente mientras que la tensión y la excitación subían. Estaba acariciando su espalda y su cabello mientras el beso empezó a ser más pasional.
-¿Te importa si me quito los pantalones y los calzoncillos?-preguntó sonriendo y agarrando sus pantalones.-Verás... me molestan bastante-dijo acercándose a mi.
Sonreí mirándole a la cara. Desvié la mirada.
Muy excitada, me quité los pantalones y las bragas y las tiré al suelo agresivamente. Él hizo lo mismo
Me estiré en la cama y empecé a acariciar mi clítoris. Mientras él se quitaba la camiseta yo me masturbaba mirándole.
-Me parece que hay algo que sobras aquí- dijo sonriendo mientras se sentaba y pegaba suaves tirones de mi camiseta.
Sonreí y empecé a quitarme la camiseta. Después, él desabrochó mi sujetador y lo tiramos al suelo junto a la demás ropa.
-Grrr.- Hice bromeando mientras me acercaba a sus labios y acariciaba sus testículos.
Agarró uno de is pechos con la boca y empezó a lamerlos y darle suaves mordiscos.
Me senté encima suyo sin intención de penetración, así, cogí un condón del cajón mientras que él seguía jugando con mis pechos. Coloqué el condón en su pene, y después cogió mi mano y la acercó a su boca. Acarició mi muñeca para luego llevársela a la boca, lamerla, besarla y morderla.
Me aparté y entonces me tumbé con las piernas abiertas. Él sin penetrar, empezó a frotar su pene con mi vagina. Pero después comenzó a besar mi cuerpo desde mis labios hacia abajo. Empezó a lamer mi vagina y acabó frotando su lengua con mi clítoris. Yo, estaba gimiendo, y entonces metió su lengua en mi vagina. Le agarré del pelo e hice que me mirara; fui directa a besarle con muchas ganas.
-Estás bastante húmeda... ¿lo sabías?-mientras acariciaba mi vagina con sus dedos.
Solté una risilla nerviosa.
-Algo he notado, sí.
Volvió a tumbarme y a lamer mi clítoris mientras se ayudaba con dos dedos a estimularme. Sentía que estaba a punto de eyacular así que le hice parar y me sen´te encima de él con su pene en mi vagina.
Sólo unos movimientos besos y caricias bastaron para que acabara eyaculando. Todavía sentía ese cosquilleo por todo el cuerpo y ese temblor después de haberlo hecho.
Me puse a cuatro patas, él volvió a penetrarme. Apoyó su cuerpo en el mío y empezó a masajear mi clítoris para que sintiera más placer. Gemía mucho, empecé a masajear mis pezones y poco después, con su respiración en mi nuca, su mano en mi clítoris, y él penetrándome, volví a eyacular.
Le hice sentarse para empezar a lamer sus testículos mientras le masturbaba, y él, me masturbaba a mi. Podía escuchar sus gemidos y eso hacía que me excitara.
Eyaculé por tercera vez, y eso le excitó tanto que, mientras tenía su pene en la boca, acabó corriéndose en mi boca.
Yo estaba de espaldas. Una de sus manos bajó y agarró mi trasero. Con la otra, me azotó (aunque sin hacerme daño), y acabó con ambas manos agarrándome el culo.
Entonces, fue subiendo sus manos lentamente, rozando mi cuerpo hasta llegar a mis pechos. Yo seguía sin girarme, y él besó mi cuello mientras que yo ponía mis manos en las suyas.
Quité sus manos de mis pechos y me giré. Empecé a besarle y él empezó a acariciar mi clítoris por encima de la ropa. Estábamos besándonos y bastante excitados. Nos besábamos lentamente mientras que la tensión y la excitación subían. Estaba acariciando su espalda y su cabello mientras el beso empezó a ser más pasional.
-¿Te importa si me quito los pantalones y los calzoncillos?-preguntó sonriendo y agarrando sus pantalones.-Verás... me molestan bastante-dijo acercándose a mi.
Sonreí mirándole a la cara. Desvié la mirada.
Muy excitada, me quité los pantalones y las bragas y las tiré al suelo agresivamente. Él hizo lo mismo
Me estiré en la cama y empecé a acariciar mi clítoris. Mientras él se quitaba la camiseta yo me masturbaba mirándole.
-Me parece que hay algo que sobras aquí- dijo sonriendo mientras se sentaba y pegaba suaves tirones de mi camiseta.
Sonreí y empecé a quitarme la camiseta. Después, él desabrochó mi sujetador y lo tiramos al suelo junto a la demás ropa.
-Grrr.- Hice bromeando mientras me acercaba a sus labios y acariciaba sus testículos.
Agarró uno de is pechos con la boca y empezó a lamerlos y darle suaves mordiscos.
Me senté encima suyo sin intención de penetración, así, cogí un condón del cajón mientras que él seguía jugando con mis pechos. Coloqué el condón en su pene, y después cogió mi mano y la acercó a su boca. Acarició mi muñeca para luego llevársela a la boca, lamerla, besarla y morderla.
Me aparté y entonces me tumbé con las piernas abiertas. Él sin penetrar, empezó a frotar su pene con mi vagina. Pero después comenzó a besar mi cuerpo desde mis labios hacia abajo. Empezó a lamer mi vagina y acabó frotando su lengua con mi clítoris. Yo, estaba gimiendo, y entonces metió su lengua en mi vagina. Le agarré del pelo e hice que me mirara; fui directa a besarle con muchas ganas.
-Estás bastante húmeda... ¿lo sabías?-mientras acariciaba mi vagina con sus dedos.
Solté una risilla nerviosa.
-Algo he notado, sí.
Volvió a tumbarme y a lamer mi clítoris mientras se ayudaba con dos dedos a estimularme. Sentía que estaba a punto de eyacular así que le hice parar y me sen´te encima de él con su pene en mi vagina.
Sólo unos movimientos besos y caricias bastaron para que acabara eyaculando. Todavía sentía ese cosquilleo por todo el cuerpo y ese temblor después de haberlo hecho.
Me puse a cuatro patas, él volvió a penetrarme. Apoyó su cuerpo en el mío y empezó a masajear mi clítoris para que sintiera más placer. Gemía mucho, empecé a masajear mis pezones y poco después, con su respiración en mi nuca, su mano en mi clítoris, y él penetrándome, volví a eyacular.
Le hice sentarse para empezar a lamer sus testículos mientras le masturbaba, y él, me masturbaba a mi. Podía escuchar sus gemidos y eso hacía que me excitara.
Eyaculé por tercera vez, y eso le excitó tanto que, mientras tenía su pene en la boca, acabó corriéndose en mi boca.
sábado, 12 de enero de 2013
Te amo.
Él se acercó a mi, puso sus manos en mi cintura y empezó a besarme como nunca.
Acerqué mis manos a sus mejillas, acariciándolo, y agarré su cabello.
-Te amo-le dije dejando de besarle, sonriendo.
-Y yo a ti-devolviéndome la sonrisa.
Mi corazón latía rápido, muy rápido. Sentía su cuerpo junto al mío.
Algo en mi, hizo que empezara a quitarle la camiseta mientras nos besábamos allí, en su habitación. Tiré la camiseta al suelo y me quedé mirando sus preciosos ojos.
Sonrió mientras me miraba con esa mirada suya tan preciosa, tan excitante, tan dulce a la vez.
Aquella sonrisa fue lo que me pudo.
Dejé de besarle, le agarré de las manos y lo acerqué a la cama. Me tumbé en ésta, y me puse de lado, mirándole. Se tumbo junto a mi y empezó a besarme. Me puse encima suyo y entonces empezó a quitarme la camiseta.
Me dejé llevar.
Lentamente fuimos quitándonos prendas, entre besos, hasta acabar completamente desnudos.
Estábamos unidos del todo, lo sentía conmigo, lo sentía en mi. Y nunca en la vida me había sentido mejor.
Sentía como nuestros cuerpos chocaban, como el amor y la pasión se unían como él y yo.
Agarrándole de el pelo, él, agarrándome de la espalda, entre gemidos conseguí decirle:
-Te amo.
Y creo que nunca le dije uno, tan real como aquél.
No había música, pero sentía una melodía dentro de mi, como la mejor canción. No de esas canciones o melodías que se escuchan, sino, esas que se sienten, que se respiran, que te lo dan todo con unas cuantas notas.
Podía sentir cómo quería llegar a más, quería demostrarme amor a través de su cuerpo y quería darlo todo, quería llegar más lejos.
Nunca había sentido aquél placer.
Mis gemidos aumentaron junto con sus movimientos; la melodía sonaba perfecta.
Y lo que empezó con amor y pasión, acabó en una cama, en una explosión de magia.
Creyendo que no podía sentir nada mejor ni más intenso que mi amor por él, pasó.
miércoles, 9 de enero de 2013
Inspiración ausente.
Él marchó, no dijo por qué, no dio ninguna explicación.
Ellos decían que estaba loca, que él no iba a volver, que las respuestas que yo necesitaba no estaban en cuatro paredes, una hoja de papel y un bolígrafo.
Sonó el teléfono. Me levanté ilusionada de la silla.
¡Era él! pensé. No habrá olvidado mi número, o tal vez lo tendrá guardado.
-¿Si?
-Sabía que estarías ahí.
Suspiré... no era él... Era una mujer.
-¿Quién es?
-Soy yo, Laura.
Laura... era una vieja amiga; nos conocimos en el instituto y nunca perdimos el contacto, hasta hace cinco años.
-Te echo de menos, ¿sabes? Y no soy la única.
-Estoy esperando a...- Laura me interrumpió y no pude acabar.
-No volverá.
-¿Te lo ha dicho él? Porque a mi no. No me ha dicho esas palabras.
-¿Pero cómo puedes hacerte esto? ¿No recuerdas lo que me contaste, lo último que te dijo?
Entonces, se me encogió el corazón, al recordar su voz, voz que tanto extrañaba, diciéndome esas palabras tan dolorosas...
"Vive como si no hubiera pasado por tu vida, porque no volveré a ella. Olvídame, olvídanos, yo me marcharé y tú no volverás a saber de mi."
Me eché a llorar.
-Por favor, no llores, no es lo que quería...-dijo Laura preocupada.
-No... no importa.
-Ahora te toca ser feliz, y bueno, esta noche vamos a salir. Deberías venir.
-Estoy trabajando.
-Escribir no es un trabajo.
[...]
Al final Laura me acabó convenciendo, dijo que conocería a alguien...
Estaba asustada, yo no quería olvidarle, no quería traicionarle -aunque no fuera una traición, en realidad...- no quería a otro, le quería a él.
Cogí aquella foto que guardaba, en la que estábamos los dos juntos.
Nunca entenderé porqué marchaste... eramos muy felices juntos...
[...]
Me preparé para la cena, llevaba la camiseta azul que él me regaló cuando hicimos un año -la tenía por cierto, muy bien cuidada. Como no estaba acostumbrada a los tacones, me puse unas deportivas -que no quedaban mal con lo que llevaba-, y aprovechando que eran de color negro, también me puse unos pantalones tejanos negros.
Llegamos a la cena, Laura y su novio me habían acompañado a su casa.
Hacía mucho tiempo que no veía ni a Laura, ni a su novio. Que era el mismo desde hacía bastante. Él también conocía a ambos, ya que quedábamos mucho entre nosotros cuatro.
Estuve ayudando a Laura y a Daniel a poner la mesa mientras hablábamos y contábamos cosas.
Le echaba mucho de menos... sentía un gran vacío en el corazón.
De repente unas cuantas lágrimas empezaron a caer, pero me tapé con el pelo para que nadie me viera.
Javier, el chico que me querían presentar Laura y Daniel llegó a casa, yo estaba muy nerviosa... Muchísimo.
[...]
En el día de hoy, tengo 35 años, ya han pasado 5 años que conocí a Javier, y justo hoy, harían 15 años que nos conocimos.
Realmente no creo que vayas a leer esto, aunque, posiblemente te lo envíe sólo para que sepas lo mucho que te amo, que te amé, y todo lo que has sido para mi.
Me gustaría hacerte saber, que yo sigo aquí, esperándote, que aunque me haya casado y hecho mi vida con Javier, yo sigo amándote.
Supongo que habrás leído alguno de mis libros, o tal vez, habrás oído hablar de ellos; los conseguí publicar y tuvieron gran fama. Todo artista tiene una inspiración, no importa si es cantante, dibujante, pintor, escritor... siempre, todos tienen una. Tú eres la mía. Siempre lo serás.
Y, me gustaría pedirte un favor... Sé que di mil vueltas, hice de todo para encontrarte y lo conseguí. Sé que harán unos 7 años de esto, sé que me dijiste todo lo que me dijiste... Pero si algún día piensas en mi, si lo haces tanto como yo te pienso a ti, si me sigues amando como yo te amo... por favor te pido, házmelo saber.
¿Soy yo, la única de los dos que se siente vacía con cualquier persona? Posiblemente tú seas el amor de mi vida... posiblemente yo no sea el de la tuya...
Este es mi último paso; el andar por dos se hace pesado. Si te importo sólo un poco, ahora te toca a ti hacer un movimiento.
Sheila.
Ellos decían que estaba loca, que él no iba a volver, que las respuestas que yo necesitaba no estaban en cuatro paredes, una hoja de papel y un bolígrafo.
Sonó el teléfono. Me levanté ilusionada de la silla.
¡Era él! pensé. No habrá olvidado mi número, o tal vez lo tendrá guardado.
-¿Si?
-Sabía que estarías ahí.
Suspiré... no era él... Era una mujer.
-¿Quién es?
-Soy yo, Laura.
Laura... era una vieja amiga; nos conocimos en el instituto y nunca perdimos el contacto, hasta hace cinco años.
-Te echo de menos, ¿sabes? Y no soy la única.
-Estoy esperando a...- Laura me interrumpió y no pude acabar.
-No volverá.
-¿Te lo ha dicho él? Porque a mi no. No me ha dicho esas palabras.
-¿Pero cómo puedes hacerte esto? ¿No recuerdas lo que me contaste, lo último que te dijo?
Entonces, se me encogió el corazón, al recordar su voz, voz que tanto extrañaba, diciéndome esas palabras tan dolorosas...
"Vive como si no hubiera pasado por tu vida, porque no volveré a ella. Olvídame, olvídanos, yo me marcharé y tú no volverás a saber de mi."
Me eché a llorar.
-Por favor, no llores, no es lo que quería...-dijo Laura preocupada.
-No... no importa.
-Ahora te toca ser feliz, y bueno, esta noche vamos a salir. Deberías venir.
-Estoy trabajando.
-Escribir no es un trabajo.
[...]
Al final Laura me acabó convenciendo, dijo que conocería a alguien...
Estaba asustada, yo no quería olvidarle, no quería traicionarle -aunque no fuera una traición, en realidad...- no quería a otro, le quería a él.
Cogí aquella foto que guardaba, en la que estábamos los dos juntos.
Nunca entenderé porqué marchaste... eramos muy felices juntos...
[...]
Me preparé para la cena, llevaba la camiseta azul que él me regaló cuando hicimos un año -la tenía por cierto, muy bien cuidada. Como no estaba acostumbrada a los tacones, me puse unas deportivas -que no quedaban mal con lo que llevaba-, y aprovechando que eran de color negro, también me puse unos pantalones tejanos negros.
Llegamos a la cena, Laura y su novio me habían acompañado a su casa.
Hacía mucho tiempo que no veía ni a Laura, ni a su novio. Que era el mismo desde hacía bastante. Él también conocía a ambos, ya que quedábamos mucho entre nosotros cuatro.
Estuve ayudando a Laura y a Daniel a poner la mesa mientras hablábamos y contábamos cosas.
Le echaba mucho de menos... sentía un gran vacío en el corazón.
De repente unas cuantas lágrimas empezaron a caer, pero me tapé con el pelo para que nadie me viera.
Javier, el chico que me querían presentar Laura y Daniel llegó a casa, yo estaba muy nerviosa... Muchísimo.
[...]
En el día de hoy, tengo 35 años, ya han pasado 5 años que conocí a Javier, y justo hoy, harían 15 años que nos conocimos.
Realmente no creo que vayas a leer esto, aunque, posiblemente te lo envíe sólo para que sepas lo mucho que te amo, que te amé, y todo lo que has sido para mi.
Me gustaría hacerte saber, que yo sigo aquí, esperándote, que aunque me haya casado y hecho mi vida con Javier, yo sigo amándote.
Supongo que habrás leído alguno de mis libros, o tal vez, habrás oído hablar de ellos; los conseguí publicar y tuvieron gran fama. Todo artista tiene una inspiración, no importa si es cantante, dibujante, pintor, escritor... siempre, todos tienen una. Tú eres la mía. Siempre lo serás.
Y, me gustaría pedirte un favor... Sé que di mil vueltas, hice de todo para encontrarte y lo conseguí. Sé que harán unos 7 años de esto, sé que me dijiste todo lo que me dijiste... Pero si algún día piensas en mi, si lo haces tanto como yo te pienso a ti, si me sigues amando como yo te amo... por favor te pido, házmelo saber.
¿Soy yo, la única de los dos que se siente vacía con cualquier persona? Posiblemente tú seas el amor de mi vida... posiblemente yo no sea el de la tuya...
Este es mi último paso; el andar por dos se hace pesado. Si te importo sólo un poco, ahora te toca a ti hacer un movimiento.
Sheila.
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